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Historia de la Gestapo (5)

1942. Con el ejército alemán movilizado por Europa, el arma de terror más potente de Hitler, la Gestapo, trabajaba a toda máquina aplastando a la oposición e implementando la solución final de la Alemania nazi. Lo que había comenzado como una policía secreta nacional, ahora tenía el poder de matar o dejar vivir a millones de personas. Mientras el tercer Reich se apresuraba hacia su destrucción y Hitler se enfurecía en su bunker, la Gestapo llegaría a nuevas cotas de desorden y brutalidad. Pero después de la guerra, sus oficiales simplemente desaparecerían y el mayor misterio de todos sigue estando ahí, el destino del creador de la Gestapo, Heinrich Müller.

La Rosa Blanca

Desde 1933 los alemanes vivían con miedo a la Gestapo. Pero lo que iban a ver en los años de la decadencia de la Alemania nazi superaría sus peores pesadillas.

El movimiento nazi había nacido en Munich en los años ’20, pero a principios de 1943 empezaron a aparecer panfletos por la Universidad y la ciudad en nombre de un grupo que se hacía llamar la Rosa Blanca. Hablaba en nombre del número creciente de alemanes desilusionados por la guerra y la manera de Hitler de gestionarla.

Sophie Scholl, lideresa de la Rosa Blanca

La Gestapo reaccionó con rapidez y violencia. El grupo de la Rosa Blanca eran disidentes inexpertos, liderados por los jóvenes hermanos Scholl. No mucho después la Gestapo ya había atrapado a casi todos los miembros del grupo. En febrero de 1943, tras un breve juicio espectáculo, los Scholl y otros estudiantes de la Rosa Blanca fueron ejecutados. La Gestapo había hecho una fuerte declaración pública, ya que se enfrentaban a algo nuevo, una enorme corriente de oposición en casa.

La guerra va mal

Gran parte de esto se debió a la suerte de Alemania en la guerra, la cual claramente se estaba perdiendo. El asalto al este había fracasado. El crudo invierno ruso se había cobrado su parte y la Wehrmacht había sufrido enormes pérdidas. Casi un millón de hombres habían muerto, la mayoría en Stalingrado.

El mariscal Paulus tras su rendición en 1943
CC BY-SA 3.0 de – Bundesarchiv, Bild 183-F0316-0204-005

La retirada era inevitable. Muchos integrantes de la Gestapo se encontraron volviendo a la patria. Pero no era la Alemania confiada que habían dejado atrás, aunque el gobierno seguía creyendo en el sueño nazi. El ministro de propaganda Joseph Goebbels seguía pidiendo una guerra total. Sin embargo, los datos no eran buenos para los nazis, los cuales se negaban a reconocer la realidad en base a su visión política del mundo. La victoria final era imposible.

Pero el mismo pueblo alemán estaba empezando a darse cuenta de que la guerra estaba perdida. Hubo un incremento del enfado y aumentaron por tanto los desafíos para la Gestapo. Puede que la propaganda le hubiera estado diciendo una cosa al pueblo alemán, pero en sus casas ellos oían otra.

La radio, el medio más eficaz para la propaganda del gobierno, se convertía ahora en una amenaza para el liderazgo nazi. Ya que las ondas de radio no conocen fronteras. Escuchar emisiones extranjeras no sólo era ilegal, sino una traición. La Gestapo tomó medidas drásticas. Una denuncia de escuchar radios extranjeras suponía la inmediata detención.

La acentuación del exterminio

La Gestapo no dejó de lado sus otras tareas para completar el plan de pureza racial, la solución final. Era algo de lo que el jefe de la Gestapo, Müller, se había encargado personalmente. Se habían dado instrucciones en la Conferencia de Wannsee y Müller se enorgullecía de completar sus encargos. Todavía quedaba unos pocos judíos de pura sangre en la Alemania nazi, pero Müller estaba decidido a deshacerse de todos ellos.

Existían unas leyes complicadas sobre la sangre judía y los matrimonios. Hasta entonces, los judíos casados con arios habían estado protegidos de ir a los campos de cierto modo, pero eso ya no era suficiente para mantener alejada a la Gestapo. Con las instrucciones de Müller, la Gestapo seguía llenando los campos de concentración con judíos que pasaron desapercibidos en las primeras deportaciones.

Los carteles de propaganda lo dejaban muy claro. La figura de un judío demonizado y estereotipado, sosteniendo tanto a la Unión Soviética como a los Estaos Unidos bajo la forma de capital internacional. Llevaba un látigo con el que daba palizas a los alemanes. Era un cruel giro de los acontecimientos, pero se trataba de la mentira básica sobre la que habían construido el tercer Reich.

Para los nazis era vital que la solución final tuviera preferencia incluso sobre operaciones militares, ya que los judíos eran considerados el enemigo definitivo. Esto ocurría muy a menudo. Los casos más llamativos y fácilmente rastreables son los de los trenes de refuerzos para el frente parados durante horas o días para dar prioridad a los transportes de judíos hacia los campos de exterminio.

Se estrecha el control de la población

Pero el celo de Müller estaba destinado a ser compensado, ya que la guerra iba a requerir enseguida la atención incondicional de la Gestapo. En 1944 la propaganda dio un paso más allá. Sin más apoyo en casa, la victoria era imposible. Se les pidió ayuda a los alemanes que estaban en el país. El racionamiento se endureció.

Pero no era tan fácil. Como la población cada vez estaba más en desacuerdo con el régimen nazi, las palabras no bastaban. La Gestapo empezó por abordar a todos aquellos que obviamente no aspiraban al prototipo nazi, aquellos que no se habían apuntado a la Volksgemeinchaft. Cualquiera que rechazase este ideal era automáticamente sospechoso.

Cualquiera que imitara el estilo de vida del enemigo se convirtió enseguida en objetivo de la Gestapo por traidor. Jóvenes aficionados al jazz o al swing fueron algunos de los perseguidos por la Gestapo. La máquina propagandística iba a toda marcha denigrando sistemáticamente a los estadounidenses y a los negros en particular. Los chicos Swing alemanes eran sólo chicos que querían rebelarse. El swing era cosmopolita y relajado, todo lo que los nazis rechazaban. Pero les acusaron de debilitar al país, de traicionar a los valientes soldados del frente.

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Fue la Gestapo la que atrapó a los chicos swing en su red. La Gestapo llevó a cabo detenciones por toda Alemania para acabar con ellos. Al no tratarse más que de chicos que sólo buscaban ser un poco rebeldes y no haber detrás ninguna organización, el movimiento fue atajado rápidamente.

Aunque el apoyo entre los alemanes de a pie no era lo que había sido, la Gestapo aun dependía mucho de sus informadores. Los índices de fichas que tan religiosamente mantenían en cada oficina, contenían todas las denuncias y registraban las medidas tomadas al respecto. Cualquier ciudadano alemán podía ser ahora víctima de la Gestapo.

El esfuerzo de guerra nazi

La apuesta nazi para la conquista de Europa había visto a todos los hombres capaces, arrastrados a las fuerzas armadas de la Alemania nazi. En casa, la escasez de mano de obra era severa. Industrias vitales, las fábricas de munición, se sumían en el caos. Los aliados resolvieron este problema poniendo a trabajar a sus mujeres, pero la mentalidad nazi que decía que el lugar de la mujer estaba en casa, hacía eso imposible en Alemania.

Para solucionar el problema, millones de hombres de los territorios ocupados fueron enviados a las fábricas alemanas. Al principio los trabajadores eran voluntarios. Pero había demasiado pocos para mantener la gigantesca máquina de guerra alemana en marcha. Así que las autoridades optaron por los trabajos forzados y empezaron a importar trabajadores de los territorios ocupados. Al final, casi 7 millones de personas.

A la Gestapo s encargaron la tarea de elegir a los candidatos para este viaje involuntario, una de las migraciones forzadas más grandes que le mundo haya visto jamás.

Aunque eran totalmente necesarios para la guerra alemana, estos trabajadores extranjeros no eran bien tratados. Los trabajadores venidos de los países del este vivían en campos de trabajadores en régimen de semilibertad. Estaban marcados con una cartela donde ponía Ost, este en alemán. Los polacos llevaban una segunda cartela con la letra P. Trabajaban seis días a la semana por un suelo que correspondía a la cuarta parte del salario normal. Durante su día libre tenían prohibido regentar locales alemanes ni tomar el transporte público.

Permiso de trabajo para extranjeros junto con la insignia polaca.
CC0Sjam2004

Para la Gestapo, esta mano de obra alienada suponía un enorme problema de seguridad. Su solución fue predecible. En ausencia de un servicio de inteligencia real, dieron castigos ejemplares y despiadados a todo aquel que llamara su atención.

Última actualización el 2020-06-06 / Enlaces de afiliados / Imágenes de la API para Afiliados