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Qué es un campo de concentración nazi

abril 1, 2019

El partido nazi llegó al poder el día 30 de enero de 1933. Adolf Hitler y sus partidarios tardaron menos de dos meses en abrir los dos primeros campos de concentración de los cientos que seguirían.

Como movimiento revolucionario con pretensiones totalitarias el partido nazi debía acabar con cualquier persona que les impidiese construir la sociedad utópica que deseaban crear. El día 21 de marzo de 1933 abrieron los campos de concentración de Oranienbumg, a 35 km al norte de Berlín y Dachau, en las cercanías de Munich. En un primer momento, las dos organizaciones paramilitares del partido nazi tenían la potestad de crear y administrar campos de concentración. De esta manera, las SS de Himler se encargaron de Dachau y las SA de Röhm de Oranienburg. Desde 1934, tras la noche de los cuchillos largos y la consecuente caída en desgracia de las SA, sólo las SS regentaron campos de concentración y finalmente en 1942 fue esta organización la que creó los campos de exterminio.

Heinrich Himler, jefe de las SS.
CC BY-SA 3.0 de – Bundesarchiv, Bild 152-11-12

A pesar de que se suelen asociar los campos de concentración alemanes con el exterminio de los judíos, ésta sólo fue una parte de su objetivo y en ningún caso fue la primera. En un primer momento los campos de concentración se centraron en acabar con la oposición política. La represión se centró en los movimientos de izquierdas, sobre todo en los partidos comunista y socialdemócrata. Los judíos comenzarán a ser enviados a los campos por el simple hecho de ser judíos desde el 9 de noviembre de 1938, la conocida noche de los cristales rotos. Finalmente en 1942 aparecieron los 6 campos de exterminio, dedicados a la eliminación de los judíos europeos, aunque también los gitanos fueron eliminados de manera sistemática.

Para qué se utilizaban los campos de concentración

Suele ser de creencia común que los campos de concentración eran instalaciones carcelarias donde los reclusos eran encerrados y donde antes o después fallecían por hambre, palizas o enfermedades. Aunque el objetivo final era acabar con los reclusos, la manera de acabar con ellos no es el maltrato sin más, sino que para su eliminación se les explotaba como esclavos en las factorías de las empresas alemanas, tanto públicas como privadas.

Éste era un negocio redondo para el Reich, ya que los presos eran alquilados a través de la oficina de negocios de las SS y sólo las factorías consideradas vitales para la guerra eran abastecidas de esta mano de obra, ya que no había obreros libres disponibles para cubrir todos los puestos de trabajo requeridos.

Los reclusos de los campos eran destinados a cualquier trabajo imaginable, desde la industria militar, pasando por la construcción, las labores agrícolas o mineras. Los presos eran utilizados para cualquier labor imaginable, ya que sólo era fuerza de trabajo. Debido a las malas condiciones de vida en los campos, por cada puesto de trabajo era necesario asignar 3 prisioneros para mantener un cierto nivel de productividad.

Prisioneros de Mauthausen en una cantera de piedra.
CC BY-SA 3.0 de – Bundesarchiv, Bild 192-269

Qué estructura tenían los campos de concentración

Otra creencia general sobre los campos de concentración es que éstos son sólo una instalación penitenciaria en un punto concreto en un mapa. Esto no es así. Cuando escuchamos el nombre de un campo de concentración como Auschwitz, Sachsenhausen o Bergen-Belsen, ésto sólo nombra el nombre de la comandancia y del campo principal.

Un campo de concentración alemán disponía de uno o varios campos principales y decenas de campos subsidiarios que dependían de una central. Realmente sería como un pequeño país, con una capital y localidades que dependen de esa capital. Por lo tanto cuando escuchamos las cifras de prisioneros de un campo de concentración, debemos tener en cuenta que esas personas estaban repartidas por todas estas instalaciones.

Mapa de los campos de concentración y de exterminio alemanes.
CC BY 3.0Dna-Dennis

Qué diferencia hay entre un campo de concentración y un campo de exterminio

Debido a que los campos alemanes estaban destinados a acabar con centenares de miles de personas, se utiliza la denominación campo de concentración y campos de exterminio de manera indistinta. Sin embargo, existe una diferencia tanto histórica como práctica entre ambos.

Los campos de concentración existieron desde 1933 a 1945 y su objetivo era acabar con la vida de los reclusos aprovechando su fuerza de trabajo. Se calcula en una veintena el número de campos de concentración, lo que en realidad supondrían centenares de instalaciones de explotación de los presos.

Los campos de exterminio existieron entre 1942 y 1945. El 20 de enero de 1942 se firmó en la conferencia de Wansee el protocolo llamado la «Solución final a la cuestión judía», que buscaba una solución práctica, barata, eficiente e industrializada para acabar con los judíos europeos. Se habían probado otras técnicas con anterioridad, pero al ser burdas, lentas y emplear muchos recursos tanto materiales como humanos, se decidió la creación de 6 centros donde eliminar a millones de personas.

Judíos húngaros llegando al campo de exterminio de Birkenau.
CC BY-SA 3.0 de – Bundesarchiv, Bild 183-N0827-318

Los alemanes no sabían nada de los campos de concentración

Esto es rotundamente falso. El régimen nazi jamás ocultó la existencia de campos de concentración. Los civiles alemanes conocían sus ubicaciones ya que se encontraban siempre en las inmediaciones de áreas urbanas. Si que es cierto que el gobierno siempre trató de ocultar qué ocurría realmente en esos recintos. Oficialmente, los campos de concentración eran lugares de reeducación, donde los alemanes que no colaboraban con la construcción de la nueva sociedad nacionalsocialista eran encerrados para cambiar sus pensamientos.

Si que es cierto que la población alemana en general desconoció la existencia de los campos de exterminio, ya que las SS trataron de ocultarlo a toda costa. Hoy en día en Alemania el negacionismo del holocausto es delito, medida tomada para combatir la leyenda de que esos lugares nunca existieron a pesar de las pruebas irrefutables al respecto.