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Historia de la Gestapo (3)

Desde su nacimiento, en seis años la Gestapo había pasado de policía secreta regional a elemento crucial en el ascenso y extensión de la Alemania nazi. Bajo el mando de su enigmático director, Heinrich Müller, se había convertido en un instrumento de terror cuyo éxito aplastando a la resistencia no tenía igual. En 1939 pocos osaban oponerse a Hitler o al Reich. Ese era el objetivo de Hitler. Ya estaba listo para avanzar, sin trabas de la oposición, un paso más allá en su plan maestro. La Gestapo iba a pasar gradualmente a otro papel y a un escenario nuevo e internacional.

La operación Tannenberg

Noche del 31 de agosto de 1939, frontera este de Alemania. Un puñado de camiones salen en misión secreta. Se trata de la operación Tannenberg. Con órdenes secretas del jefe de seguridad, Reinhard Heydrich y de su ayudante, el jefe de la Gestapo Heinrich Müller. Se había ido acumulando la tensión en la frontera entre Alemania y Polonia. La prensa alemana había informado de que había habido muchas provocaciones polacas, todas ellas infundadas.

Alfred Naujocks era un agente de seguridad al servicio de la Gestapo y más tarde describiría alegremente el papel que desempeñó aquella noche. Según sus propias palabras, Naujocks había recibido la orden de desplazarse junto con varios hombres de la SD a la frontera con Polonia en la provincia de Prusia oriental. Allí debía esperar la contraseña de Heydrich la abuela ha muerto. Cuando la contraseña llegó Naujocks y sus hombres entraron en acción.

Alfred Naujocks en 1944

Heydrich dijo: para poder llevar a cabo este ataque informad a Müller de las conservas. Las conservas era la contraseña de cadáver reciente. Luego Naujocks y sus hombres entraron apresuradamente en la emisora local de radio, en la parte alemana de la frontera, fingiendo ser soldados polacos. Hicieron unos cuantos disparos y un comentarista polaco avisó a la población local para que se levantara contra los nazis.

Los falsos polacos desaparecieron, dejando el cadáver allí, salvo que no estaba muerto. El hombre era un alemán que había sido detenido por simpatizar con los polacos. Murió donde Naujocks le había dejado y le utilizarían como prueba de la agresión polaca.

En otras zonas de la frontera, la Gestapo de Müller tenía planes para otras conservas. En otros puntos de la frontera se organizaron ataques simulados, donde criminales convictos serían vestidos de soldados polacos. Éstos serían asesinados y dejados en lugares determinados para simular que habían muerto en combate tras atacar posiciones alemanas. Tras los supuestos asaltos iban a llevar a miembros de la prensa y otras personas al lugar de los incidentes. Además había ya preparado un informe de policía.

Los planes de la Gestapo habían funcionado. En unas horas, Hitler denunciaba un total de 21 supuestas incursiones polacas a lo largo de la frontera. El 1 de septiembre se declaró la guerra.

La ocupación de Polonia

Con la invasión, Hitler no sólo pensaba en la ocupación militar, sino en la limpieza de las sociedades ocupadas para una futura colonización alemana de esos territorios. Para ello, la policía debería desempeñar un papel preponderante en la adecuación de los países ocupados. En las primeras semanas de la guerra, más de 130.000 agentes policiales fueron desplazados a Polonia con este fin. La Gestapo sería el cuerpo policial supremo que dirigiría a esta enorme fuerza opresora.

El trabajo de la policía era empezar cuanto antes. La policía esperaba junto con el ejército en la frontera. Mientras las fuerzas alemanas llegaban sin parar a la frontera, la Gestapo organizaba escuadrones de policía especiales y la seguridad de las SS para completar la primera tarea: liquidar a todo el gobierno polaco. De allí pasaron a las calles y la policía local llegó para ayudarles.

Los controles de identidad habituales se convirtieron un instrumento de opresión política. Cualquiera que no se ajustara al perfil aprobado por la Gestapo era detenido allí mismo. Manifestantes políticos, llamados parásitos, la intelligentsia, y sobre todo se centraron en los judíos. En la prensa alemana, el papel de la policía quedaba minimizado. En el extranjero la verdad era más cruda.

Varsovia ardiendo en 1939
CC BY-SA 3.0 de – Bundesarchiv, Bild 183-S56603

La marca característica de la Gestapo era inconfundible. Su estrategia era animar a los polacos a satisfacer una inclinación contenida al antisemitismo, denunciando y atacando a sus propios compatriotas. De hecho, hacían el trabajo de la Gestapo. Los detenidos eran deportados a los campos de concentración. El poder combinado de la Wehrmacht y la Gestapo eran sobrecogedores. En unas semanas, Varsovia había caído.

El control de los territorios ocupados y la persecución de los judíos

La Gestapo había demostrado su efectividad. Desde entonces sería la clave del control alemán sobre los territorios ocupados. La piedra de toque de su expansión. Pero la Gestapo, para todo el éxito que tenía, seguía siendo bastante pequeña y su inteligencia, aunque extensa, estaba bastante obsoleta. Cuando la Gestapo fallaba, lo hacía de forma espectacular, como demostraría un único atentado contra Hitler.

El 8 de noviembre de 1939 Hitler sufrió un atentado en la cervecería Bürgerbräukeller de Munich. Un solo hombre, Georg Elser, había conseguido burlar toda la seguridad de la Gestapo.

Gracias a la rápida resolución del atentado, la fama de la Gestapo se restauró rápidamente. Aunque lo que sí quedó claro es que Himmler, Heydrich y Müller se habían hecho indispensables. Juntos tenían la red de seguridad alemana agarrada con puño de acero y sin sus habilidades los planes de Hitler habrían estado en peligro. Porque mientras el Reich se expandía por Europa, también lo hacía la Gestapo, desempeñando un papel primordial no sólo en la supresión de la oposición, sino en la implementación del sueño de Hitler: la eliminación de los judíos.

(desde la derecha) Müller, Heydrich, Himmler, Nebe y Darré reunidos para tratar el atentado
CC BY-SA 3.0 de – Bundesarchiv, Bild 183-R98680

El plan transcurría sin problemas por toda la Alemania nazi. El oficial de las SS Kurt Lischka, que había tenido mucho éxito ocupándose de los temas judíos en la Gestapo de Berlín, había continuado sus tareas en Colonia. Enseguida había llenado las celdas de sospechosos de la oposición y empezó a trabajar en un plan para deportar a todos los judíos de la ciudad, unas 12.000 personas en total.

Pero antes de que pudiera completar su trabajo, le asignaron un nuevo puesto. Después de demostrar su eficacia, le preseleccionaron para un puesto de administrador de combate. Ellos eran los jefes de la Gestapo en los países ocupados. Su trabajo era llevar métodos de la Gestapo, probados y demostrados, para suprimir la resistencia en el extranjero. A Lischka le dieron Paris.

Se instaló enseguida en las espléndidas oficinas de la Rue de  Saussaies, un nombre infame en la historia parisina. Igual que hizo en Colonia, convirtió la Gestapo en una organización del miedo. Allí había menos soplones dispuestos que en casa, así que Lischka se enfrentaba a todo un reto. En Francia, había una resistencia creciente y bien organizada. Sus ataques eran cuidadosamente escogidos y sus éxitos, junto con su propaganda, mantenían vivo el orgullo francés  y a la Gestapo muy ocupada.

A pesar de los intentos de Lischka por mantener la moral alta, Paris no era un destino fácil. Algunos de los problemas de Lischka llegaban de los compatriotas alemanes que se oponían al gobierno y se habían ido al extranjero para intentar hacer algo al respecto. En Paris, Kurt Lischka había recibido un nuevo encargo, debía comenzar las deportaciones de todos los judíos de Francia y ahí es donde creyó que de verdad podría demostrar su valía.

Cuando al final Paris fue liberado en 1944, la Gestapo no tuvo tiempo de destruir los informes. Las montañas de documentos que dejaron tras de sí son el testimonio de la diligencia de Lischka. Entre ellos se encontraban los documentos con su firma ordenando la deportación de los judíos franceses para su exterminio físico lo antes posible en el este.

Como primer paso, todos los judíos apátridas que habían huido a Francia desde Alemania debían de ser detenidos. No había suficientes agentes de la Gestapo para hacerlo, así que una buena solución era encargar la tarea a la policía colaboracionista francesa. Según los datos arrojados por los documentos encontrados, el 90% de los judíos detenidos en Francia lo fueron por la policía francesa, bajo órdenes de los alemanes ocupantes. En total 80.000 personas fueron deportadas de Francia a Auschwitz por orden de la Gestapo.

Última actualización el 2020-02-23 / Enlaces de afiliados / Imágenes de la API para Afiliados